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Tendencia al alza: ingresos, dádivas e informalidad

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Durante los primeros tres meses del año, los ingresos mensuales promedio de las familias en México subieron, alcanzando 23,788 pesos al mes. Esto refleja un aumento del 11.6% en comparación con el mismo periodo de 2022, según los resultados de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH). No obstante, este crecimiento no se debe solo a una mejora en el empleo formal o un aumento salarial, sino también al incremento en la proporción de ingresos que provienen de actividades informales y de transferencias tanto gubernamentales como privadas.

Uno de los descubrimientos más importantes es que el 54.3% de los ingresos totales de las familias se originó de pagos por empleo. Aunque esto muestra un incremento de 8.9% en comparación con 2022, la informalidad y el trabajo por cuenta propia están ganando más importancia. Los ingresos por empleo formal subieron a 5,731 pesos, aunque siguen por debajo de los 6,366 pesos registrados en 2018. Esto señala que, a pesar del crecimiento general, los sueldos reales en ciertos sectores todavía no se han recuperado completamente.

En contraste, las actividades informales y por cuenta propia mostraron un comportamiento dinámico. Los ingresos por trabajo independiente aumentaron 14.4% en comparación con el último ejercicio, alcanzando un promedio de 3,125 pesos mensuales por hogar. Esta cifra sugiere una fuerte dependencia de la economía informal como fuente de sustento, especialmente entre los deciles más bajos de ingreso.

Asimismo, se registró un aumento significativo en las transferencias, tanto de origen gubernamental como privado. Las transferencias del gobierno —que abarcan pensiones no contributivas, programas de asistencia social, becas y apoyos directos— incrementaron en un 33.3%, representando ahora el 12.5% del ingreso corriente total de las familias. Esta proporción había sido tan solo del 10% en 2020 y del 8% en 2018, lo cual refleja una modificación en el patrón de ingresos de los hogares, cada vez más afectado por las políticas sociales.

El programa de pensión para adultos mayores es el que más destaca entre los apoyos gubernamentales, pues fue recibido por 5.5 millones de hogares, con un ingreso promedio de 1,983 pesos mensuales por hogar. En tanto, las transferencias privadas, como remesas, aportaciones familiares o dádivas, también crecieron 12.6% con respecto a 2022, representando un ingreso promedio de 901 pesos por hogar.

En contraste, la disparidad en la distribución de los ingresos sigue presente. El 10% de los hogares más ricos obtuvo, en promedio, 75,926 pesos al mes, mientras que el 10% más desfavorecido llegó tan solo a 4,186 pesos. Esta diferencia evidencia una inequidad continua en la estructura económica nacional, a pesar de los intentos de redistribución llevados a cabo mediante programas sociales.

Otro aspecto importante es que, si bien los hogares en áreas rurales experimentaron un incremento porcentual más significativo en sus ingresos (15.5%) en comparación con los urbanos (10.5%), la brecha absoluta sigue siendo notable: el ingreso medio en regiones urbanas es de 27,192 pesos al mes, en contraste con los 13,172 pesos en regiones rurales.

En cuanto al gasto, los hogares mexicanos destinaron en promedio 21,096 pesos mensuales, lo que representa un aumento de 13.1% en comparación con el último periodo medido. El gasto en alimentos, bebidas y tabaco absorbió el 35.4% del total, seguido de transporte y comunicaciones (18.2%) y educación y esparcimiento (14.1%). El incremento del gasto es consistente con la recuperación económica, pero también refleja el aumento en el costo de vida, particularmente en productos básicos.

La combinación de mayores ingresos provenientes de fuentes informales y de transferencias, junto con un aumento del gasto, dibuja un panorama complejo: si bien los hogares cuentan con más recursos que en años anteriores, la calidad del ingreso y su estabilidad a largo plazo sigue siendo una preocupación. El desafío para las autoridades económicas radica en traducir este crecimiento en ingresos hacia una base más sólida de empleo formal y sostenido.